El Bilbao inicial estaba formado por tres calles: Somera o Goyencalle (calle de arriba), Artecalle (calle del medio) y Tendería.
No eran tres trazados independiente, constituían un pequeño sistema: calles aproximadamente paralelas conectadas transversalmente por cantones y relacionadas con la ría, el puente, las puertas de la muralla y los caminos territoriales.
Durante los siglos XIV y XV se añadieron otras cuatro:
— Belosticalle, también vinculada a la Pescadería.
— Carnicería Vieja.
— Barrencalle.
— Barrencalle Barrena.
Así aparecieron las 𝗦𝗶𝗲𝘁𝗲 𝗖𝗮𝗹𝗹𝗲𝘀.
Lo interesante no es que Bilbao pasara de tres calles a siete, sino 𝗰𝗼́𝗺𝗼 lo hizo.
La villa no abandonó su estructura inicial ni creó un núcleo separado. Las nuevas calles se dispusieron junto a las anteriores, manteniendo su dirección y prolongando los cantones que las conectaban.
El crecimiento reprodujo el mismo patrón:
𝗰𝗮𝗹𝗹𝗲𝘀 𝗽𝗮𝗿𝗮𝗹𝗲𝗹𝗮𝘀 + 𝗰𝗼𝗻𝗲𝘅𝗶𝗼𝗻𝗲𝘀 𝘁𝗿𝗮𝗻𝘀𝘃𝗲𝗿𝘀𝗮𝗹𝗲𝘀 + 𝗮𝗰𝗰𝗲𝘀𝗼𝘀 𝗮 𝗹𝗮 𝗿í𝗮 𝘆 𝗮 𝗹𝗮𝘀 𝗽𝘂𝗲𝗿𝘁𝗮𝘀.
Desde una lectura configuracional, esta decisión resulta fundamental.
Si las cuatro calles se hubieran añadido como una extensión dependiente de un único acceso, habrían formado un tejido más profundo y segregado. Sin embargo, al integrarlas mediante los cantones, cada nueva calle pasó a formar parte del sistema existente ampliando la red reticular.
Incrementó simultáneamente:
— la superficie de contacto directo entre calle y edificio,
— las oportunidades de encuentro,
— las plantas bajas disponibles para talleres y comercios,
— y la capacidad de distribuir el movimiento por la villa.
𝗕𝗶𝗹𝗯𝗮𝗼 𝗻𝗼 𝘀𝗼𝗹𝗼 𝗼𝗰𝘂𝗽ó 𝗺𝗮́𝘀 𝘀𝘂𝗲𝗹𝗼, 𝗰𝗿𝗲ó 𝗺á𝘀 𝗿𝗲𝗹𝗮𝗰𝗶𝗼𝗻𝗲𝘀.
A mediados del siglo XV, la trama ya se extendía por el lóbulo del meandro. La muralla se desplazó para envolver el nuevo conjunto, mientras el puente, la Ribera y las puertas continuaron actuando como puntos fundamentales de acceso.
La estructura original no desapareció con el crecimiento, 𝘀𝗲 𝗵𝗶𝘇𝗼 𝗺á𝘀 𝗱𝗲𝗻𝘀𝗮, 𝗺á𝘀 𝗰𝗼𝗻𝗲𝗰𝘁𝗮𝗱𝗮 y 𝗺á𝘀 𝗰𝗼𝗺𝗲𝗿𝗰𝗶𝗮𝗹.
Esta es una regla que encontramos en muchas tramas urbanas capaces de crecer sin perder coherencia: identifican la lógica espacial que ya funciona y la replican.
Las Siete Calles no son solo el origen histórico del Casco Viejo. Son la 𝗵𝘂𝗲𝗹𝗹𝗮 de una forma de 𝗰𝗿𝗲𝗰𝗶𝗺𝗶𝗲𝗻𝘁𝗼 𝘂𝗿𝗯𝗮𝗻𝗼 en la que 𝗹𝗮 𝗿𝗲𝗱 𝗽𝗿𝗲𝗰𝗲𝗱𝗲 a la edificación, 𝗼𝗿𝗴𝗮𝗻𝗶𝘇𝗮 𝗲𝗹 𝗺𝗼𝘃𝗶𝗺𝗶𝗲𝗻𝘁𝗼 y multiplica las 𝗽𝗼𝘀𝗶𝗯𝗶𝗹𝗶𝗱𝗮𝗱𝗲𝘀 𝗱𝗲 𝗶𝗻𝘁𝗲𝗿𝗰𝗮𝗺𝗯𝗶𝗼.
𝗗𝗲 𝘁𝗿𝗲𝘀 𝗰𝗮𝗹𝗹𝗲𝘀 𝗮 𝘀𝗶𝗲𝘁𝗲: 𝗕𝗶𝗹𝗯𝗮𝗼 𝗰𝗿𝗲𝗰𝗶ó 𝘀𝗶𝗻 𝗿𝗼𝗺𝗽𝗲𝗿 𝘀𝘂 𝗹𝗼́𝗴𝗶𝗰𝗮 𝗳𝘂𝗻𝗱𝗮𝗰𝗶𝗼𝗻𝗮𝗹.


