Siglo XXI y seguimos creyendo que la ciudad es el problema

𝗡𝗶 𝘁𝗼𝗿𝗿𝗲𝘀 𝗮𝗶𝘀𝗹𝗮𝗱𝗮𝘀, 𝗻𝗶 𝗷𝗮𝗿𝗱𝗶𝗻𝗲𝘀 𝗶𝗱𝗲𝗮𝗹𝗲𝘀. 𝗟𝗼 𝗾𝘂𝗲 𝗻𝗲𝗰𝗲𝘀𝗶𝘁𝗮𝗺𝗼𝘀 𝘀𝗼𝗻 𝗰𝗮𝗹𝗹𝗲𝘀 𝘃𝗶𝘃𝗮𝘀.

Desde hace más de 100 años, el urbanismo ha estado intentando «corregir» la ciudad.

Howard quiso reemplazarla por jardines. Le Corbusier por torres en el parque.

Y hoy, aún seguimos aplicando sus ideas, como si la ciudad real fuera algo que necesita redención.

Pero si miramos la ciudad con las herramientas adecuadas —como la 𝗦𝗶𝗻𝘁𝗮𝘅𝗶𝘀 𝗘𝘀𝗽𝗮𝗰𝗶𝗮𝗹— entendemos otra cosa:

𝗟𝗮 𝗳𝗼𝗿𝗺𝗮 𝘂𝗿𝗯𝗮𝗻𝗮 𝗻𝗼 𝗲𝘀 𝘂𝗻 𝗽𝗿𝗼𝗯𝗹𝗲𝗺𝗮 𝗮 𝗿𝗲𝘀𝗼𝗹𝘃𝗲𝗿, 𝘀𝗶𝗻𝗼 𝘂𝗻 𝗽𝗼𝘁𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮𝗹 𝗮 𝗹𝗲𝗲𝗿.

Lo que hace viva a una ciudad no son los grandes ideales ni las utopías, sino sus 𝗰𝗮𝗹𝗹𝗲𝘀, 𝘀𝘂𝘀 𝗰𝗼𝗻𝗲𝘅𝗶𝗼𝗻𝗲𝘀 𝘆 𝘀𝘂 𝗰𝗮𝗽𝗮𝗰𝗶𝗱𝗮𝗱 𝗱𝗲 𝗴𝗲𝗻𝗲𝗿𝗮𝗿 𝗺𝗼𝘃𝗶𝗺𝗶𝗲𝗻𝘁𝗼 𝗵𝘂𝗺𝗮𝗻𝗼.

Las ciudades jardín, con su orden perfecto y su baja densidad, 𝗿𝗼𝗺𝗽𝗲𝗻 𝗹𝗮 𝗿𝗲𝗱 𝘂𝗿𝗯𝗮𝗻𝗮, 𝗮í𝘀𝗹𝗮𝗻 𝗳𝘂𝗻𝗰𝗶𝗼𝗻𝗲𝘀 𝘆 𝗱𝗲𝗯𝗶𝗹𝗶𝘁𝗮𝗻 𝗹𝗮 𝘃𝗶𝘁𝗮𝗹𝗶𝗱𝗮𝗱 𝗽𝗲𝗮𝘁𝗼𝗻𝗮𝗹.

Lo mismo ocurre con las torres sin calle, los barrios cerrados o las zonas residenciales «tranquilas» que expulsan la vida urbana.

Las 𝗰𝗶𝘂𝗱𝗮𝗱𝗲𝘀 𝘃𝗶𝘃𝗮𝘀 𝗻𝗼 𝘀𝗼𝗻 𝘀𝗶𝗺𝗽𝗹𝗲𝘀. Son complejas, densas, exponenciales… y profundamente humanas.

Diseñar con esa realidad en mente es mucho más transformador que seguir persiguiendo utopías verdes o geometrías puras.

No necesitamos más proyectos que huyan de la ciudad.

𝗡𝗲𝗰𝗲𝘀𝗶𝘁𝗮𝗺𝗼𝘀 𝗱𝗲𝘃𝗼𝗹𝘃𝗲𝗿𝗹𝗲 𝗲𝗹 𝗽𝗿𝗼𝘁𝗮𝗴𝗼𝗻𝗶𝘀𝗺𝗼 𝗮 𝗹𝗮 𝗰𝗮𝗹𝗹𝗲. 𝗔 𝗹𝗮 𝗿𝗲𝗱. 𝗔𝗹 𝗲𝘀𝗽𝗮𝗰𝗶𝗼 𝗰𝗼𝗺𝗽𝗮𝗿𝘁𝗶𝗱𝗼.

Porque ahí es 𝗱𝗼𝗻𝗱𝗲 𝗼𝗰𝘂𝗿𝗿𝗲 𝗹𝗮 𝘃𝗶𝗱𝗮.