En regeneración urbana, hay un mantra que escuchamos una y otra vez:
“𝘓𝘪𝘣𝘦𝘳𝘢𝘳 𝘦𝘴𝘱𝘢𝘤𝘪𝘰 𝘱ú𝘣𝘭𝘪𝘤𝘰 𝘷𝘦𝘳𝘥𝘦”.
Suena bien. Pero la pregunta incómoda es:
¿𝗽𝗮𝗿𝗮 𝗾𝘂é 𝗾𝘂𝗲𝗿𝗲𝗺𝗼𝘀 𝗹𝗶𝗯𝗲𝗿𝗮𝗿 𝗲𝘀𝗲 𝗲𝘀𝗽𝗮𝗰𝗶𝗼?, ¿𝗾𝘂é 𝗳𝗼𝗿𝗺𝗮 𝘁𝗲𝗻𝗱𝗿á?, ¿𝗾𝘂é 𝘃𝗶𝗱𝗮 𝗮𝗰𝗼𝗴𝗲𝗿á?
Porque si lo liberado acaba siendo un solar, un aparcamiento o un descampado duro, no hemos regenerado nada. 𝗛𝗲𝗺𝗼𝘀 𝗱𝗲𝗯𝗶𝗹𝗶𝘁𝗮𝗱𝗼 𝗲𝗹 𝘁𝗲𝗷𝗶𝗱𝗼.
𝗟𝗮 𝗰𝗶𝘂𝗱𝗮𝗱 𝗻𝗼 𝘀𝗲 𝗿𝗲𝗴𝗲𝗻𝗲𝗿𝗮 𝗮𝗯𝗿𝗶𝗲𝗻𝗱𝗼 𝘃𝗮𝗰í𝗼𝘀, 𝘀𝗶𝗻𝗼 𝗰𝗼𝘀𝗶𝗲𝗻𝗱𝗼 𝗿𝗲𝗱.
Regenerar no es expandirse hacia fuera ni vaciar hacia dentro.
Es 𝘃𝗼𝗹𝘃𝗲𝗿 𝗮 𝗱𝗮𝗿 𝘃𝗶𝗱𝗮 𝗮𝗹 𝘁𝗲𝗷𝗶𝗱𝗼 𝘂𝗿𝗯𝗮𝗻𝗼 𝗲𝘅𝗶𝘀𝘁𝗲𝗻𝘁𝗲.
La ciudad es red: calles, accesos, fachadas, relaciones.
Romper esa red en nombre del “espacio público” puede ser tan destructivo como una autopista atravesando un barrio.
La clave no está en abrir sin más, sino en 𝗰𝗼𝘀𝗲𝗿 𝗰𝗼𝗻 𝗶𝗻𝘁𝗲𝗹𝗶𝗴𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮:
– densificando con calidad,
– reconectando calles,
– reintroduciendo actividad en las plantas bajas,
– reduciendo vacíos residuales y reconvirtiéndolos en nodos vivos.
𝗘𝗹 𝗲𝗿𝗿𝗼𝗿 𝗿𝗲𝗰𝘂𝗿𝗿𝗲𝗻𝘁𝗲: 𝗺á𝘀 𝘃𝗲𝗿𝗱𝗲, 𝗺𝗲𝗻𝗼𝘀 𝘃𝗶𝗱𝗮.
El urbanismo moderno ya cayó en esta trampa.
Le Corbusier nos vendió la idea de liberar el suelo, separar funciones y alejar edificios. El resultado fueron entornos fragmentados, con espacios públicos sin bordes claros ni actividad.
El parque dejó de ser parque.
La calle dejó de ser calle.
El vacío se convirtió en 𝗿𝗲𝘀𝗶𝗱𝘂𝗼 𝗲𝘀𝗽𝗮𝗰𝗶𝗮𝗹.
Hoy corremos el riesgo de 𝗿𝗲𝗽𝗲𝘁𝗶𝗿 𝗲𝗹 𝗺𝗶𝘀𝗺𝗼 𝗲𝗿𝗿𝗼𝗿 bajo el discurso de la “𝘀𝗼𝘀𝘁𝗲𝗻𝗶𝗯𝗶𝗹𝗶𝗱𝗮𝗱”.
Regenerar no es plantar árboles y esperar a que algo pase.
Es diseñar desde la 𝗿𝗲𝗱 𝘂𝗿𝗯𝗮𝗻𝗮 y el 𝗺𝗼𝘃𝗶𝗺𝗶𝗲𝗻𝘁𝗼 𝗻𝗮𝘁𝘂𝗿𝗮𝗹.
– Más mezcla de usos y servicios en menos espacio.
– Más flujos peatonales sostenidos por fachadas activas.
– Más continuidad y menos fragmentación.
– Más rehabilitación y menos vacíos sin sentido.
La verdadera regeneración no es la que “libera más suelo”,
sino la que 𝗮𝗰𝘁𝗶𝘃𝗮 𝗺á𝘀 𝗰𝗶𝘂𝗱𝗮𝗱.
Porque lo que da vida a una ciudad no es la cantidad de espacio vacío, sino 𝗹𝗮 𝗿𝗲𝗱 𝗾𝘂𝗲 𝗹𝗼 𝘀𝗼𝘀𝘁𝗶𝗲𝗻𝗲 𝘆 𝗹𝗮𝘀 𝗿𝗲𝗹𝗮𝗰𝗶𝗼𝗻𝗲𝘀 𝗾𝘂𝗲 𝗴𝗲𝗻𝗲𝗿𝗮.


