Mucha gente cree que un edificio es bueno o malo según su altura o su estética.
Pero la clave no está arriba.
Está 𝗮 𝗿𝗮𝘀 𝗱𝗲 𝗰𝗮𝗹𝗹𝗲.
Hay dos modelos opuestos:
𝟭. Edificios altos 𝗾𝘂𝗲 𝗺𝗮𝘁𝗮𝗻 𝗰𝗶𝘂𝗱𝗮𝗱
(𝘩𝘦𝘳𝘦𝘯𝘤𝘪𝘢 𝘥𝘦𝘭 𝘔𝘰𝘷𝘪𝘮𝘪𝘦𝘯𝘵𝘰 𝘔𝘰𝘥𝘦𝘳𝘯𝘰)
– Torre aislada en un mar de césped o asfalto.
– Sin comercio, sin accesos directos.
– Espacios residuales que asustan.
– Dependencia absoluta del coche.
– Vida urbana diluida.
Resultado:
𝘂𝗻 𝗼𝗯𝗷𝗲𝘁𝗼 que mira hacia 𝗮𝗿𝗿𝗶𝗯𝗮…
𝘂𝗻𝗮 𝗰𝗶𝘂𝗱𝗮𝗱 𝘃𝗮𝗰í𝗮 𝗮𝗯𝗮𝗷𝗼.
𝟮. Edificios altos 𝗾𝘂𝗲 𝗽𝗼𝘁𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮𝗻 𝗹𝗮 𝗰𝗶𝘂𝗱𝗮𝗱
(𝘮𝘰𝘥𝘦𝘭𝘰 𝘤𝘰𝘯𝘧𝘪𝘨𝘶𝘳𝘢𝘤𝘪𝘰𝘯𝘢𝘭 𝘥𝘦𝘭 𝘴. 𝘟𝘟𝘐)
– Inserción en una 𝗿𝗲𝗱 𝗱𝗲 𝗰𝗮𝗹𝗹𝗲𝘀 bien conectada.
– Plantas bajas con 𝘂𝘀𝗼𝘀 𝘃𝗶𝘀𝗶𝗯𝗹𝗲𝘀 y accesos frecuentes.
– Podio de transición (4–6 plantas) que 𝗺𝗮𝗻𝘁𝗶𝗲𝗻𝗲 𝗲𝘀𝗰𝗮𝗹𝗮 𝗵𝘂𝗺𝗮𝗻𝗮.
– 𝗠𝗼𝘃𝗶𝗺𝗶𝗲𝗻𝘁𝗼 𝗻𝗮𝘁𝘂𝗿𝗮𝗹 del peatón reforzado al incrementar la densidad.
– Vitalidad, economía local, seguridad
Resultado:
𝗱𝗲𝗻𝘀𝗶𝗱𝗮𝗱 𝘃𝗲𝗿𝘁𝗶𝗰𝗮𝗹 𝘀𝗶𝗻 𝗽𝗲𝗿𝗱𝗲𝗿 𝘃𝗶𝗱𝗮 𝘂𝗿𝗯𝗮𝗻𝗮.
Porque un edificio en altura bien conectado a la red de calles:
– incrementa el flujo peatonal
– mezcla usos
– genera seguridad natural
– sostiene actividad económica
La altura no es el enemigo.
El enemigo es la 𝗱𝗲𝘀𝗰𝗼𝗻𝗲𝘅𝗶ó𝗻.
𝗦𝗶 𝗲𝗹 𝗲𝗱𝗶𝗳𝗶𝗰𝗶𝗼 𝗻𝗼 𝗲𝘀𝘁á 𝗮𝗹 𝘀𝗲𝗿𝘃𝗶𝗰𝗶𝗼 𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝗰𝗮𝗹𝗹𝗲,
𝗹𝗮 𝗰𝗶𝘂𝗱𝗮𝗱 𝗽𝗶𝗲𝗿𝗱𝗲 𝘀𝗶𝗲𝗺𝗽𝗿𝗲.


