Las personas nos movemos siguiendo la 𝗹ó𝗴𝗶𝗰𝗮 𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝗿𝗲𝗱 𝗱𝗲 𝗰𝗮𝗹𝗹𝗲𝘀.
Nuestro cerebro 𝗹𝗲𝗲 𝗲𝗹 𝗲𝘀𝗽𝗮𝗰𝗶𝗼 buscando 𝗰𝗼𝗻𝘁𝗶𝗻𝘂𝗶𝗱𝗮𝗱, 𝘃𝗶𝘀𝗶𝗯𝗶𝗹𝗶𝗱𝗮𝗱, 𝗲𝗹 𝗺𝗲𝗻𝗼𝗿 𝗻ú𝗺𝗲𝗿𝗼 𝗱𝗲 𝗴𝗶𝗿𝗼𝘀 𝗽𝗼𝘀𝗶𝗯𝗹𝗲𝘀.
Por eso, algunas calles concentran movimiento natural incluso si no tienen grandes atractivos a priori.
Esto es lo que 𝗕𝗶𝗹𝗹 𝗛𝗶𝗹𝗹𝗶𝗲𝗿llamó Movimiento Natural (1993):
– El flujo peatonal no depende solo de los usos.
– Depende, sobre todo, de la configuración espacial de la red urbana.
Pero la red por sí sola no basta.
Para 𝗽𝗼𝘁𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮𝗿 𝘆 𝗮𝗽𝗿𝗼𝘃𝗲𝗰𝗵𝗮𝗿 ese movimiento natural en las calles 𝗰𝗼𝗻 𝗺𝗮𝘆𝗼𝗿 𝗳𝗹𝘂𝗷𝗼, es clave que:
– 𝗟𝗮𝘀 𝗳𝗮𝗰𝗵𝗮𝗱𝗮𝘀 𝘀𝗲𝗮𝗻 𝗮𝗰𝘁𝗶𝘃𝗮𝘀, con puertas y ventanas que miren a la calle.
– 𝗘𝘀𝘁é𝗻 𝗮𝗹𝗶𝗻𝗲𝗮𝗱𝗮𝘀 𝗮𝗹 𝗯𝗼𝗿𝗱𝗲 𝘂𝗿𝗯𝗮𝗻𝗼, porque nuestro cerebro se orienta mejor con límites claros.
– 𝗟𝗮𝘀 𝗽𝗹𝗮𝗻𝘁𝗮𝘀 𝗯𝗮𝗷𝗮𝘀 𝗲𝘀𝘁é𝗻 𝗱𝗲𝗱𝗶𝗰𝗮𝗱𝗮𝘀 𝗮 𝘀𝗲𝗿𝘃𝗶𝗰𝗶𝗼𝘀, 𝗰𝗼𝗺𝗲𝗿𝗰𝗶𝗼𝘀 𝗼 𝗻𝗲𝗴𝗼𝗰𝗶𝗼𝘀, generando interacción constante.
Cuando diseñamos ciudades sin entender esta ley básica, aparecen las 𝗰𝗮𝗹𝗹𝗲𝘀 𝗺𝘂𝗲𝗿𝘁𝗮𝘀: vacías, inseguras, sin comercio.
En cambio, una 𝗿𝗲𝗱 𝗯𝗶𝗲𝗻 𝗰𝗼𝗻𝘀𝘁𝗶𝘁𝘂𝗶𝗱𝗮 + 𝗳𝗮𝗰𝗵𝗮𝗱𝗮𝘀 𝗮𝗰𝘁𝗶𝘃𝗮𝘀 genera vitalidad casi por sí misma.
La pregunta es sencilla, pero poderosa:


