Por fin me he puesto con este libro. Me lo han recomendado muchas veces y ya le ha llegado su hora.
Es un libro sobre gestión empresarial.
En concreto, es un libro sobre 𝘀𝗶𝘀𝘁𝗲𝗺𝗮𝘀 …
…y vamos a ver cómo se conecta con el 𝘀𝗶𝘀𝘁𝗲𝗺𝗮 𝘂𝗿𝗯𝗮𝗻𝗼, 𝗹𝗮 𝗰𝗶𝘂𝗱𝗮𝗱.
Porque, en el fondo, la ciudad no es un conjunto de edificios, sino una 𝗿𝗲𝗱 𝗱𝗲 𝗰𝗮𝗹𝗹𝗲𝘀 𝘆 𝗲𝘀𝗽𝗮𝗰𝗶𝗼𝘀 𝗽ú𝗯𝗹𝗶𝗰𝗼𝘀 𝗶𝗻𝘁𝗲𝗿𝗱𝗲𝗽𝗲𝗻𝗱𝗶𝗲𝗻𝘁𝗲.
Goldratt dice:
𝘌𝘭 𝘳𝘦𝘯𝘥𝘪𝘮𝘪𝘦𝘯𝘵𝘰 𝘥𝘦 𝘶𝘯 𝘴𝘪𝘴𝘵𝘦𝘮𝘢 𝘯𝘰 𝘥𝘦𝘱𝘦𝘯𝘥𝘦 𝘥𝘦 𝘭𝘰 𝘣𝘪𝘦𝘯 𝘲𝘶𝘦 𝘧𝘶𝘯𝘤𝘪𝘰𝘯𝘦𝘯 𝘴𝘶𝘴 𝘱𝘢𝘳𝘵𝘦𝘴, 𝘴𝘪𝘯𝘰 𝘥𝘦 𝙨𝙪 𝙧𝙚𝙨𝙩𝙧𝙞𝙘𝙘𝙞𝙤́𝙣 𝙥𝙧𝙞𝙣𝙘𝙞𝙥𝙖𝙡.
𝗢𝗿𝗼 𝗽𝘂𝗿𝗼.
En una empresa, la restricción es el cuello de botella.
En una ciudad, la restricción es:
𝗹𝗮 𝗰𝗼𝗻𝗳𝗶𝗴𝘂𝗿𝗮𝗰𝗶𝗼́𝗻 𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝗿𝗲𝗱 𝗱𝗲 𝗰𝗮𝗹𝗹𝗲𝘀 𝗾𝘂𝗲 𝗶𝗺𝗽𝗶𝗱𝗲 𝗾𝘂𝗲 𝗹𝗮 𝗴𝗲𝗻𝘁𝗲 𝘀𝗲 𝗲𝗻𝗰𝘂𝗲𝗻𝘁𝗿𝗲 𝘆 𝗴𝗲𝗻𝗲𝗿𝗲 𝘃𝗶𝗱𝗮.
Si aplicamos la lógica de Goldratt, la 𝗺𝗲𝘁𝗮 de una ciudad 𝗻𝗼 es:
tener edificios bonitos
tener plazas nuevas
tener más metros cuadrados de espacio público
La meta real es:
𝗰𝗿𝗲𝗮𝗿 𝘂𝗻𝗮 𝗿𝗲𝗱 𝗱𝗲 𝗰𝗮𝗹𝗹𝗲𝘀 𝘃𝗶𝘃𝗮𝘀, 𝗰𝗼𝗻𝗲𝗰𝘁𝗮𝗱𝗮𝘀 𝘆 𝗰𝗮𝗽𝗮𝗰𝗲𝘀 𝗱𝗲 𝗴𝗲𝗻𝗲𝗿𝗮𝗿 𝗺𝗼𝘃𝗶𝗺𝗶𝗲𝗻𝘁𝗼 𝗻𝗮𝘁𝘂𝗿𝗮𝗹, 𝗶𝗻𝘁𝗲𝗿𝗰𝗮𝗺𝗯𝗶𝗼, 𝘃𝗶𝘁𝗮𝗹𝗶𝗱𝗮𝗱 𝘆 𝘃𝗶𝗱𝗮 𝗰𝗼𝘁𝗶𝗱𝗶𝗮𝗻𝗮.
𝗨𝗻𝗮 𝗰𝗶𝘂𝗱𝗮𝗱 𝗳𝘂𝗻𝗰𝗶𝗼𝗻𝗮 𝗰𝘂𝗮𝗻𝗱𝗼:
las calles conectan
las rutas se atraviesan
la planta baja tiene actividad
el espacio público tiene gente, no solo diseño
¿𝗖𝘂𝗮́𝗹 𝗲𝘀 𝗲𝗹 𝗰𝘂𝗲𝗹𝗹𝗼 𝗱𝗲 𝗯𝗼𝘁𝗲𝗹𝗹𝗮 𝗱𝗲 𝗺𝘂𝗰𝗵𝗮𝘀 𝗰𝗶𝘂𝗱𝗮𝗱𝗲𝘀?
No es la falta de proyectos.
No es la falta de inversión.
No es la falta de ideas.
Es la difusa estructura urbana que 𝗯𝗹𝗼𝗾𝘂𝗲𝗮 el flujo de vida.
Barrios con:
– calles poco legibles y sin salida
– grandes vacíos sin atravesamiento
– barrios o zonas segregadas
– infraestructuras que separan (incluyendo parques sobredimensionados o que nadie usa)
– espacios “libres” pero inútiles
Todo eso funciona como un cuello de botella.
Aunque inviertas millones en plazas, mobiliario o fachadas…
𝗦𝗶 𝗹𝗮 𝗿𝗲𝗱 𝗻𝗼 𝗳𝘂𝗻𝗰𝗶𝗼𝗻𝗮, 𝗹𝗮 𝗰𝗶𝘂𝗱𝗮𝗱 𝗻𝗼 𝗳𝘂𝗻𝗰𝗶𝗼𝗻𝗮.
No se trata de añadir cosas.
Se trata 𝗮𝗻𝗮𝗹𝗶𝘇𝗮𝗿 𝗹𝗮 𝗿𝗲𝗱 𝘂𝗿𝗯𝗮𝗻𝗮 y activar las calles que sostienen el sistema.
Una ciudad solo puede 𝗳𝘂𝗻𝗰𝗶𝗼𝗻𝗮𝗿 𝗮𝗹 𝗿𝗶𝘁𝗺𝗼 𝗱𝗲 𝘀𝘂 𝗿𝗲𝗱.
Y si la red está rota,
ningún proyecto aislado podrá arreglarla.


