Al hilo del post de ayer acerca de la ocupación del suelo, hablemos de este tema bien interesante y relacionado con el diseño urbano.
En verano, todos lo hemos sentido: hay calles que parecen hornos y otras que, a la misma hora, son mucho más frescas.
¿𝗣𝗼𝗿 𝗾𝘂é 𝗼𝗰𝘂𝗿𝗿𝗲?
Una parte de la respuesta está en los materiales y su Índice de Reflectancia Solar (SRI).
Un pavimento oscuro absorbe casi todo el calor (SRI cercano a 0), mientras que uno claro refleja la radiación (SRI 80+). La diferencia puede ser de varios grados a nivel de calle.
Hasta aquí, 𝘀𝗼𝗹𝘂𝗰𝗶ó𝗻 𝗽𝗲𝗾𝘂𝗲ñ𝗮: cambiar materiales, subir el SRI.
Pero el 𝗽𝗿𝗼𝗯𝗹𝗲𝗺𝗮 𝗿𝗲𝗮𝗹 va 𝗺á𝘀 𝗮𝗹𝗹á.
El calor urbano es también fruto del 𝗱𝗶𝘀𝗲ñ𝗼 𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝗰𝗶𝘂𝗱𝗮𝗱.
Las 𝗰𝗮𝗹𝗹𝗲𝘀 𝘀𝗼𝗯𝗿𝗲𝗱𝗶𝗺𝗲𝗻𝘀𝗶𝗼𝗻𝗮𝗱𝗮𝘀 del urbanismo moderno, con 𝗯𝗮𝗷𝗮 𝗼𝗰𝘂𝗽𝗮𝗰𝗶ó𝗻 y 𝘀𝗶𝗻 𝗰𝗼𝗻𝘁𝗶𝗻𝘂𝗶𝗱𝗮𝗱 𝗱𝗲 𝗳𝗮𝗰𝗵𝗮𝗱𝗮𝘀 dejan 𝗲𝗻𝗼𝗿𝗺𝗲𝘀 𝘀𝘂𝗽𝗲𝗿𝗳𝗶𝗰𝗶𝗲𝘀 expuestas al 𝘀𝗼𝗹.
Sin sombra de edificios, sin arbolado suficiente, 𝗲𝗹 𝗮𝘀𝗳𝗮𝗹𝘁𝗼 𝗮𝗯𝘀𝗼𝗿𝗯𝗲 𝗿𝗮𝗱𝗶𝗮𝗰𝗶ó𝗻 todo el día y la devuelve por la noche → efecto isla de calor.
La 𝘀𝗼𝗹𝘂𝗰𝗶ó𝗻 𝗰𝗲𝗻𝘁𝗿𝗮𝗹 está en cómo 𝗰𝗼𝗻𝗳𝗶𝗴𝘂𝗿𝗮𝗺𝗼𝘀 la ciudad:
– Calles con proporciones equilibradas de altura/anchura (H/W).
– Continuidad de fachadas que den sombra natural.
– Ocupación adecuada en planta, evitando vacíos residuales.
– Y, por supuesto, materiales con alto SRI que acompañen al diseño.
Al final, no es solo un tema de verde o de climatología.
El calor de las ciudades es un 𝗽𝗿𝗼𝗯𝗹𝗲𝗺𝗮 𝗱𝗲 𝗰𝗼𝗻𝗳𝗶𝗴𝘂𝗿𝗮𝗰𝗶ó𝗻 urbana.


