Durante décadas, los principios del Movimiento Moderno han influido profundamente en la forma en que diseñamos nuestras ciudades.
Calles eliminadas o infrautilizadas, espacios sin vida, fragmentación urbana… Todo en nombre de la ciudad funcional.
Pero hoy, frente a los desafíos sociales, económicos y ambientales que enfrentan nuestras ciudades, es hora de repensar los modelos urbanos que seguimos aplicando.
No basta con construir más.
Necesitamos rediseñar desde la base, poniendo en el centro la vida urbana, la conectividad, la calle.
No podemos permitirnos despreciar la trama urbana. La calle es el lugar donde ocurre la ciudad.
Una red urbana bien configurada genera interacción, seguridad, comercio y cohesión social.


