La propuesta temeraria al hacinamiento urbano: eliminar la calle.

Tras siglos de ciudades densas, insalubres y cerradas por murallas, el siglo XX trajo una respuesta radical al hacinamiento urbano: 𝗲𝗹 𝗠𝗼𝘃𝗶𝗺𝗶𝗲𝗻𝘁𝗼 𝗠𝗼𝗱𝗲𝗿𝗻𝗼.

Frente a las soluciones basadas en expandir y estructurar la red de calles (como los ensanches del XIX), 𝗟𝗲 𝗖𝗼𝗿𝗯𝘂𝘀𝗶𝗲𝗿 𝘆 𝗼𝘁𝗿𝗼𝘀 𝗮𝗿𝗾𝘂𝗶𝘁𝗲𝗰𝘁𝗼𝘀
modernos propusieron algo completamente distinto:

𝗲𝗹𝗶𝗺𝗶𝗻𝗮𝗿 𝗹𝗮 𝗰𝗮𝗹𝗹𝗲 𝘁𝗿𝗮𝗱𝗶𝗰𝗶𝗼𝗻𝗮𝗹 𝗰𝗼𝗺𝗼 𝗲𝘀𝗽𝗮𝗰𝗶𝗼 𝗰𝗼𝗻𝘁𝗶𝗻𝘂𝗼 𝗱𝗲 𝗲𝗻𝗰𝘂𝗲𝗻𝘁𝗿𝗼 𝘆 𝗺𝗼𝘃𝗶𝗺𝗶𝗲𝗻𝘁𝗼.

En su lugar, imaginaron 𝗯𝗹𝗼𝗾𝘂𝗲𝘀 𝗱𝗲 𝗴𝗿𝗮𝗻 𝗮𝗹𝘁𝘂𝗿𝗮 𝗮𝗶𝘀𝗹𝗮𝗱𝗼𝘀 𝗲𝗻 𝗽𝗮𝗿𝗾𝘂𝗲𝘀, funciones separadas por zonas (residencial, trabajo, ocio) y circulación rodada segregada del peatón.

Todo organizado bajo principios de orden, luz, ventilación y eficiencia.

Estas propuestas nacieron con buenas intenciones: resolver los problemas de las ciudades medievales e industriales—el hacinamiento, la falta de higiene, la congestión—pero con el tiempo mostraron 𝘀𝘂𝘀 𝗹í𝗺𝗶𝘁𝗲𝘀.

Al suprimir la 𝗰𝗮𝗹𝗹𝗲 como 𝗲𝘀𝗽𝗮𝗰𝗶𝗼 𝗰𝗼𝗻𝗲𝗰𝘁𝗼𝗿 𝘆 𝘀𝗼𝗰𝗶𝗮𝗹𝗶𝘇𝗮𝗱𝗼𝗿, muchas de estas ciudades modernas 𝗽𝗲𝗿𝗱𝗶𝗲𝗿𝗼𝗻 𝗹𝗮 𝗰𝗼𝗻𝘁𝗶𝗻𝘂𝗶𝗱𝗮𝗱 𝘂𝗿𝗯𝗮𝗻𝗮, 𝗲𝗹 𝗺𝗼𝘃𝗶𝗺𝗶𝗲𝗻𝘁𝗼 𝗻𝗮𝘁𝘂𝗿𝗮𝗹 𝘆 𝗹𝗮 𝘃𝗶𝗱𝗮 𝗰𝗼𝗺𝘂𝗻𝗶𝘁𝗮𝗿𝗶𝗮 𝗾𝘂𝗲 𝗴𝗲𝗻𝗲𝗿𝗮 𝘂𝗻𝗮 𝗿𝗲𝗱 𝗱𝗲𝗻𝘀𝗮 𝘆 𝗰𝗮𝗺𝗶𝗻𝗮𝗯𝗹𝗲.

Desde la perspectiva de la Sintaxis Espacial, estos modelos presentan 𝗯𝗮𝗷𝗮 𝗶𝗻𝘁𝗲𝗴𝗿𝗮𝗰𝗶ó𝗻:

– 𝗟𝗮𝘀 𝗰𝗮𝗹𝗹𝗲𝘀 𝗻𝗼 𝗳𝗼𝗿𝗺𝗮𝗻 𝘂𝗻𝗮 𝗿𝗲𝗱 𝗰𝗼𝗻𝗲𝗰𝘁𝗮𝗱𝗮.
– 𝗟𝗼𝘀 𝗲𝘀𝗽𝗮𝗰𝗶𝗼𝘀 𝗲𝘀𝘁á𝗻 𝗳𝗿𝗮𝗴𝗺𝗲𝗻𝘁𝗮𝗱𝗼𝘀, 𝗹𝗼 𝗾𝘂𝗲 𝗹𝗶𝗺𝗶𝘁𝗮 𝗲𝗹 𝗺𝗼𝘃𝗶𝗺𝗶𝗲𝗻𝘁𝗼 𝗽𝗲𝗮𝘁𝗼𝗻𝗮𝗹 𝗲𝘀𝗽𝗼𝗻𝘁á𝗻𝗲𝗼.
– 𝗘𝗹 𝗿𝗲𝘀𝘂𝗹𝘁𝗮𝗱𝗼 𝗲𝘀 𝘂𝗻𝗮 𝗰𝗶𝘂𝗱𝗮𝗱 𝗰𝗼𝗻 𝗺𝗲𝗻𝗼𝘀 𝘃𝗶𝗱𝗮 𝘂𝗿𝗯𝗮𝗻𝗮, 𝗺𝗲𝗻𝗼𝘀 𝗲𝗻𝗰𝘂𝗲𝗻𝘁𝗿𝗼𝘀 𝗳𝗼𝗿𝘁𝘂𝗶𝘁𝗼𝘀 𝘆 𝘂𝗻𝗮 𝗳𝘂𝗲𝗿𝘁𝗲 𝗱𝗲𝗽𝗲𝗻𝗱𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮 𝗱𝗲𝗹 𝗮𝘂𝘁𝗼𝗺ó𝘃𝗶𝗹.

Aunque resolvieron el hacinamiento físico, muchas de estas ciudades terminaron creando 𝘃𝗮𝗰í𝗼𝘀 𝘀𝗼𝗰𝗶𝗮𝗹𝗲𝘀 𝘆 𝘂𝗿𝗯𝗮𝗻𝗼𝘀.

Hoy podemos mirar estos modelos no solo con ojos históricos, sino también con datos:

¿𝗖ó𝗺𝗼 𝗰𝗶𝗿𝗰𝘂𝗹𝗮 𝗹𝗮 𝗴𝗲𝗻𝘁𝗲?

¿𝗤𝘂é 𝗲𝘀𝗽𝗮𝗰𝗶𝗼𝘀 𝘀𝗲 𝗮𝗰𝘁𝗶𝘃𝗮𝗻 𝗿𝗲𝗮𝗹𝗺𝗲𝗻𝘁𝗲?

¿𝗖ó𝗺𝗼 𝗶𝗻𝗳𝗹𝘂𝘆𝗲 𝗹𝗮 𝗲𝘀𝘁𝗿𝘂𝗰𝘁𝘂𝗿𝗮 𝘂𝗿𝗯𝗮𝗻𝗮 𝗲𝗻 𝗹𝗮 𝘀𝗲𝗴𝘂𝗿𝗶𝗱𝗮𝗱, 𝗲𝗹 𝗰𝗼𝗺𝗲𝗿𝗰𝗶𝗼, 𝗹𝗮 𝗰𝗼𝗵𝗲𝘀𝗶ó𝗻?


Herramientas como la Sintaxis Espacial nos permiten aprender de estos experimentos para diseñar ciudades más humanas, caminables y conectadas.