¿Y si la arquitectura dejara de pensar con ideas prestadas?

El pensamiento arquitectónico ha dependido en exceso de préstamos conceptuales de otras disciplinas, en lugar de desarrollar una teoría propia, interna y analítica, basada en el estudio del espacio mismo.

Las teorías urbanas que conocemos tienen 𝗱𝗼𝘀 𝗱𝗲𝗯𝗶𝗹𝗶𝗱𝗮𝗱𝗲𝘀 fundamentales:

La primera, es que la mayoría han sido 𝗳𝘂𝗲𝗿𝘁𝗲𝗺𝗲𝗻𝘁𝗲 𝗻𝗼𝗿𝗺𝗮𝘁𝗶𝘃𝗮𝘀 𝘆 𝗱é𝗯𝗶𝗹𝗺𝗲𝗻𝘁𝗲 𝗮𝗻𝗮𝗹í𝘁𝗶𝗰𝗮𝘀, en el sentido de que se han enfocado demasiado en decirles a los diseñadores 𝗰ó𝗺𝗼 𝗱𝗲𝗯𝗲𝗿í𝗮𝗻 ser los entornos urbanos y muy poco en entender 𝗰ó𝗺𝗼 𝘀𝗼𝗻 realmente.

Como resultado, las teorías de la ciudad han influido enormemente en nuestro entorno construido —a veces para bien, a veces para mal—, pero han hecho poco por avanzar nuestra comprensión de la ciudad.

La segunda, es que se ha producido una tendencia histórica a formar teorías urbanísticas a partir de 𝗶𝗱𝗲𝗮𝘀 𝘆 𝗰𝗼𝗻𝗰𝗲𝗽𝘁𝗼𝘀 𝘁𝗼𝗺𝗮𝗱𝗼𝘀 𝗽𝗿𝗲𝘀𝘁𝗮𝗱𝗼𝘀 𝗱𝗲 𝗼𝘁𝗿𝗮𝘀 𝗱𝗶𝘀𝗰𝗶𝗽𝗹𝗶𝗻𝗮𝘀.

Como resultado, el discurso urbano ha estado dominado por una serie de préstamos: primero de la ingeniería y la biología, luego de la psicología y las ciencias sociales, más tarde de la lingüística y la semiología, y más recientemente de la teoría literaria.

𝗕𝗶𝗹𝗹 𝗛𝗶𝗹𝗹𝗶𝗲𝗿 propuso otro camino:
– Una 𝘁𝗲𝗼𝗿í𝗮 𝗮𝗻𝗮𝗹í𝘁𝗶𝗰𝗮 𝘂𝗿𝗯𝗮𝗻𝗮.
– Basada en el 𝗲𝘀𝘁𝘂𝗱𝗶𝗼 𝗿𝗲𝗮𝗹 de cómo se 𝗰𝗼𝗻𝗳𝗶𝗴𝘂𝗿𝗮 la red del espacio urbano.
– Y en cómo esta configuración 𝗶𝗻𝗳𝗹𝘂𝘆𝗲 en la vida social, económica y cotidiana de las personas.

El enfoque de la 𝗦𝗶𝗻𝘁𝗮𝘅𝗶𝘀 𝗘𝘀𝗽𝗮𝗰𝗶𝗮𝗹 parte de una pregunta simple pero poderosa:

¿Por qué los espacios son como son?
¿Cómo se conectan? ¿Cómo se interpretan o utilizan? ¿Cómo afectan a la vida de las personas?

Y a partir de ahí, Hillier desarrolló una teoría basada en 𝗿𝗲𝗹𝗮𝗰𝗶𝗼𝗻𝗲𝘀 𝗲𝘀𝗽𝗮𝗰𝗶𝗮𝗹𝗲𝘀, configuraciones y patrones medibles, que conecta directamente el diseño con el comportamiento urbano.

Necesitamos para este 𝘀𝗶𝗴𝗹𝗼 𝗫𝗫𝗜 una 𝗰𝗼𝗺𝗽𝗿𝗲𝗻𝘀𝗶ó𝗻 mejor y más profunda del fenómeno urbano, de cómo afecta a la vida de las personas y de cómo esto se relaciona con la posibilidad de innovación en urbanismo y con el papel central de la imaginación en entornos urbanos.

La palabra «𝘁𝗲𝗼𝗿í𝗮» no se usa aquí en el sentido habitual del urbanismo, sino en el sentido 𝗳𝗶𝗹𝗼𝘀ó𝗳𝗶𝗰𝗼 𝘆 𝗰𝗶𝗲𝗻𝘁í𝗳𝗶𝗰𝗼: las teorías son las abstracciones a través de las cuales comprendemos el mundo.

Por muy fuerte que sea nuestra convicción de que algo en urbanismo está bien o mal, 𝗿𝗮𝗿𝗮 𝘃𝗲𝘇 𝗲𝗻𝘁𝗲𝗻𝗱𝗲𝗺𝗼𝘀 los fundamentos espaciales en los que se basan esos juicios.