La red de calles es la 𝗰𝗼𝗹𝘂𝗺𝗻𝗮 𝘃𝗲𝗿𝘁𝗲𝗯𝗿𝗮𝗹 𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝘃𝗶𝗱𝗮 𝘂𝗿𝗯𝗮𝗻𝗮. No es solo infraestructura: es el sistema que determina cómo nos movemos, cómo nos encontramos y cómo funciona la economía local.
Equivocarse aquí tiene 𝗺ú𝗹𝘁𝗶𝗽𝗹𝗲𝘀 𝗰𝗼𝘀𝘁𝗲𝘀:
– Una calle mal trazada o un viario mal jerarquizado se traduce en 𝗶𝗻𝘃𝗲𝗿𝘀𝗶𝗼𝗻𝗲𝘀 𝗾𝘂𝗲 𝗻𝗼 𝗴𝗲𝗻𝗲𝗿𝗮𝗻 𝗿𝗲𝘁𝗼𝗿𝗻𝗼. Rectificar después suele ser mucho más caro que planificar bien desde el inicio.
– Una red de calles mal configurada 𝗳𝗿𝗮𝗴𝗺𝗲𝗻𝘁𝗮 𝗯𝗮𝗿𝗿𝗶𝗼𝘀, 𝗿𝗲𝗱𝘂𝗰𝗲 𝗮𝗰𝗰𝗲𝘀𝗶𝗯𝗶𝗹𝗶𝗱𝗮𝗱 𝘆 𝗱𝗲𝗯𝗶𝗹𝗶𝘁𝗮 𝗹𝗮 𝘀𝗲𝗴𝘂𝗿𝗶𝗱𝗮𝗱. Las calles dejan de ser lugares de encuentro para convertirse en simples canales de tránsito.
– Cuando la red prioriza al coche sobre el peatón, aumenta la 𝗱𝗶𝘀𝘁𝗮𝗻𝗰𝗶𝗮 𝗮 𝘀𝗲𝗿𝘃𝗶𝗰𝗶𝗼𝘀 𝗯á𝘀𝗶𝗰𝗼𝘀, la 𝗲𝗰𝗼𝗻𝗼𝗺í𝗮 𝗱𝗲𝗹 𝗱𝗲𝘀𝗽𝗹𝗮𝘇𝗮𝗺𝗶𝗲𝗻𝘁𝗼, la 𝗰𝗼𝗻𝘁𝗮𝗺𝗶𝗻𝗮𝗰𝗶ó𝗻 y el 𝗰𝗼𝗻𝘀𝘂𝗺𝗼 𝗲𝗻𝗲𝗿𝗴é𝘁𝗶𝗰𝗼. El espacio público pierde calidad y la ciudad pierde vitalidad.
– La forma de la red de calles 𝗰𝗼𝗻𝗱𝗶𝗰𝗶𝗼𝗻𝗮 𝗱é𝗰𝗮𝗱𝗮𝘀 𝗱𝗲 𝗲𝘃𝗼𝗹𝘂𝗰𝗶ó𝗻 𝘂𝗿𝗯𝗮𝗻𝗮. Una decisión errónea puede bloquear la movilidad activa, limitar el sector comercial o frenar la regeneración de un barrio entero.
La 𝗦𝗶𝗻𝘁𝗮𝘅𝗶𝘀 𝗘𝘀𝗽𝗮𝗰𝗶𝗮𝗹 nos muestra que la 𝗿𝗲𝗱 𝗱𝗲 𝗰𝗮𝗹𝗹𝗲𝘀 es el 𝗽𝗿𝗶𝗻𝗰𝗶𝗽𝗮𝗹 𝗺𝗼𝘁𝗼𝗿 𝗱𝗲𝗹 𝗠𝗼𝘃𝗶𝗺𝗶𝗲𝗻𝘁𝗼 𝗡𝗮𝘁𝘂𝗿𝗮𝗹: la forma urbana puede potenciar o apagar los patrones de vida, accesibilidad y vitalidad.
La pregunta no es cuánto cuesta diseñar bien una red de calles, sino cuánto dejamos de ganar; el 𝗰𝗼𝘀𝘁𝗲 𝗼𝗰𝘂𝗹𝘁𝗼 de cuando no lo hacemos.


